Capítulo 10 de 11
Pruebas adicionales
LA ECONOMIA DE LIBRE MERCADO
El marco de CUP anticipa, valida y explica las razones del éxito material de la economía de libre mercado.
Teóricamente, la economía de libre mercado se basa en la aplicación de la teoría universal de los derechos de propiedad. El comunismo, por el contrario, se basa en el rechazo explícito de la teoría universal de los derechos de propiedad. Como ya hemos demostrado que la teoría universal de los derechos de propiedad es la única válida [ver más atrás “PROPIEDAD COMO UNIVERSALIDAD”], podemos explicar en un nivel fundamental por qué el comunismo resulta ser tan desastroso, mientras que la economía de libre mercado es tan productiva.
Puesto que los seres humanos tienen, de hecho, igualdad de derechos de propiedad, cualquier sistema social que rechace este derecho estará condenado al más absoluto fracaso — así como cualquier ingeniero de puentes que niegue la realidad de la fuerza de gravedad será incapaz de construir un puente sustentable.
EL METODO CIENTIFICO
La lógica y la ciencia son metodologías que de hecho existen — junto con la moral — en el marco de CUP. En otras palabras, la lógica y la ciencia son validadas por el marco de CUP.
Una pregunta central que debemos responder es: ¿por qué el método científico es infinitamente superior a otros “métodos” empleados para adquirir conocimientos, tales como el misticismo?
CUP responde a esta pregunta.
Cualquier método empleado para adquirir conocimientos debe ser coherente, universal e independiente de tiempo y lugar. El método científico cumple con estos requisitos, a diferencia del misticismo — que es irracional y subjetivo.
EDUCACION PUBLICA
Un principio fundamental de la economía de libre mercado es que la calidad sólo puede ser el fruto de interacciones voluntarias. La coacción es ineficiente por naturaleza, y siempre da como resultado algo (bienes, servicios, relaciones, etc.) de mala calidad. Las panaderías soviéticas nunca entregaban pan de buena calidad; un hombre que golpea a su esposa nunca tendrá un matrimonio feliz.
El inicio del uso de la fuerza es incompatible con cualquier teoría moral racional — es una violación específica y explícita de la CUP. Dado que las escuelas públicas se financian merced a la iniciación del uso de la fuerza, constituyen una forma de asociación compulsiva, lo cual supone un claro atropello a la libertad de asociación validada por CUP.
Dado que la violencia infringe el requisito moral de evitabilidad (la posibilidad de evitar) — y la falta de evitabilidad siempre engendra mala calidad — CUP nos ayuda a predecir el bajo nivel educativo que siempre acabarán ofreciendo las escuelas públicas.
CUP también nos ayuda a predecir que, cuanta más fuerza sea utilizada en el ámbito de la educación pública — a medida que aumentan los impuestos, las regulaciones arbitrarias, las imposiciones gremiales, etc. — peor será la calidad de la enseñanza.
(…)
PARALELOS
(…)
Hoy se considera indispensable contar con una entidad supuestamente virtuosa, denominada “el gobierno”, en el centro de la sociedad. En ausencia de esta entidad, se considera axiomático que la sociedad se hundirá en el caos y dejará de existir — así como nuestros antepasados consideraban que, en ausencia de dioses, el universo mismo sería presa del caos y dejaría de existir.
Sin embargo, la existencia de “el gobierno” es tan cierta como la existencia de “Dios”.
Cuando hablamos de “Dios” o “los dioses”, en realidad estamos aludiendo a “las opiniones de los sacerdotes”.
Cuando decimos “el gobierno”, en realidad nos estamos refiriendo a “la violencia de una pequeña minoría”.
La idea de “orden espontáneo”, plenamente demostrada en los ámbitos de la física y la biología, sigue siendo algo casi inconcebible en el ámbito de la sociedad.
Sin embargo, “los gobiernos” son tan necesarios para la organización y el sustento de la sociedad como “los dioses” lo son para la organización y el sustento del universo.
De hecho, así como las religiones han obstaculizado el progreso de la ciencia, los gobiernos obstaculizan el progreso de la sociedad. Y al igual que las ilusiones de la religión, las ilusiones del gobierno han causado la muerte de cientos de millones de personas a lo largo de la historia.
Tanto la falsa ética de las religiones como la falsa ética de los gobiernos “justifican” el abuso, la corrupción y la violencia en todas sus formas.
Cuando elegimos vivir sometidos a fantasías, de una u otra manera estamos eligiendo la destrucción.
Cuando elegimos regular la sociedad en función de mitologías morales religiosas, engendramos inevitablemente guerras, violencia, represión, abuso, corrupción generalizada y extraordinarios niveles de hipocresía.
Cuando elegimos regular la sociedad en función de mitologías morales estatistas, los resultados no son diferentes.
Podemos elegir la virtud o la coacción.
No podemos tener ambas cosas.
SOLUCIONES
Podemos optar por creer que el gobierno es una institución a la vez necesaria y virtuosa. Podemos optar por creer que, sin gobierno, la sociedad colapsaría y el mundo se extinguiría en una guerra de todos contra todos. Podemos optar por creer que, sin gobierno, no habría carreteras, ni educación, ni salud, ni jubilaciones, ni bibliotecas, ni protección de la propiedad y así sucesivamente.
Supersticiones muy similares han retrasado el progreso de la humanidad a lo largo de toda la historia. El precursor más importante del tipo de revelaciones que ofrece CUP acerca del gobierno es el tipo de revelaciones que ofreció la ciencia acerca de la religión.
(…)
Cada vez que un sistema utilizado para justificar el poder puede ser concebido en funcionamiento sin ese poder, quienes se benefician de la manipulación de tal poder se apresuran a advertir que, sin ellos, todo está perdido.
Los sacerdotes hicieron esto en los albores de la revolución científica. Sin Dios, la vida no tiene sentido. Sin Dios, el hombre no tiene moral. Sin Dios, nuestras almas no pueden salvarse. Sin Dios, el mundo se hundirá en el caos y el mal reinará.
Nada de esto es cierto, por supuesto. De hecho, todo lo contrario resultó ser cierto. El fin de la religión como visión del mundo preponderante allanó el camino a la separación de Iglesia y Estado, el fin de la aristocracia, la emergencia del libre mercado y el florecimiento de las libertades humanas en buena parte del mundo.
La caída de Dios fue el ascenso de la humanidad.
De la misma manera, sólo cuando empezamos a ver a la sociedad tal como los primeros científicos vieron al universo — como un sistema auto-sostenible, sin la necesidad de una autoridad central imaginaria — podemos empezar a concebir las posibilidades (y a comprender el rol) de la libertad humana.
La instauración de un monopolio central coactivo en la sociedad retrasa indefinidamente el progreso del conocimiento, de la sabiduría, de la virtud, de la salud física y mental — así como la instauración de un monopolio central coactivo en el universo ha retrasado el progreso del conocimiento, de la sabiduría y de la ciencia.
La única forma de oponerse a las entidades imaginarias es ir con la verdad implacablemente. La única forma de oponerse a Dios es apelando a la razón, la evidencia y el conocimiento científico.
La única forma de oponerse al Estado — la más peligrosa de las entidades imaginarias — es apelando a la razón, la evidencia y el conocimiento científico.
EL FUTURO
Nos guste o no, CUP se aplica a todo lo que hacemos. Los humanos se inclinan naturalmente por la coherencia, dado que son seres portadores de una conciencia racional en un universo coherente y racional. Por ende, cualesquiera sean la premisas que aceptamos, éstas tienden a demandar más y más conductas coherentes a lo largo de nuestras vidas — y a lo largo de la “vida” de nuestra cultura o nación.
Así, un hombre convencido de que la intimidación es una buena manera de conseguir lo que desea tiende a intimidar más y más a lo largo de su vida. Un hombre convencido de que la violencia es un modo aceptable de resolver problemas tiende a ser cada vez más violento.
En otras palabras, CUP exige coherencia incluso en la incoherencia.
De igual manera, las premisas morales de una cultura determinan su futuro. Una cultura basada en justificaciones para la coacción siempre será más coercitiva. Una cultura basada en la razón y la libertad siempre será menos coercitiva.
Por eso es tan importante la delimitación de un marco racional para la ética.
Nos convertimos en lo que creemos.
Si creemos en mentiras, nos convertiremos en esclavos.
CONCLUSIONES
En poco tiempo hemos cubierto un amplio territorio. El desafío más imperioso de la filosofía es, indudablemente, la definición de una moral universal, objetiva y absoluta que no dependa de Dios o del Estado. Cuando nuestra definición de la moral se apoya en Dios o el Estado, la moral deja de ser universal, objetiva y absoluta. En otras palabras, ya no es moral.
La invención de entidades imaginarias como “Dios” y “el Estado” de ningún modo responde a nuestras preguntas sobre la moral.
Somos plenamente conscientes de que la invención de Dios no sirvió ni servirá jamás para responder a nuestras preguntas sobre el origen de la vida o el universo. Decir, en respuesta a cualquier pregunta, “Un ser incomprensible hizo algo inconcebible de alguna manera insondable con un propósito incognoscible” no puede considerarse una respuesta racional bajo ningún pretexto.
El grave peligro de inventar “respuestas” esotéricas a preguntas esenciales es que de tal modo se provee la ilusión de una respuesta, y esta ilusión a menudo clausura la búsqueda de la verdad. Por otra parte, quienes sacan provecho de estas absurdas no-respuestas inexorablemente se unen para defenderlas.
En el ámbito de la religión, estos individuos integran la casta sacerdotal; en el ámbito del gobierno, la casta política.
Cuando una pregunta esencial se topa con una “respuesta” mística y violenta, el progreso humano se detiene y se instituye el atraso. La ciencia de la meteorología nunca llega a originarse si los sacerdotes afirman que la lluvia cae merced a la voluntad de los dioses. La ciencia de la medicina no alcanza a desarrollarse si la enfermedad es considerada un castigo de los dioses. La ciencia de la física se estanca y retrocede si el movimiento de las estrellas pasa a ser visto como un mecanismo de relojería creado por las deidades.
Cuando se dan respuestas falsas a los interrogantes morales, cuestionar esas respuestas inevitablemente se convierte en un crimen moral. Cuando las ilusiones sustituyen a la curiosidad, los beneficiarios de las ilusiones siempre acaban empleando la violencia para defender sus mentiras.
Y son los niños, invariable y eternamente, las primeras víctimas de esta perversa explotación.
No es necesario intimidar a los niños para que jueguen a la mancha, o para que entiendan que dos más dos es igual a cuatro. La mente humana no precisa del terror, del aburrimiento ni de los insultos para captar la verdad. No hace falta “enseñarle” a un niño que un juguete es real diciéndole que, si no lo cree, será condenado al infierno. No hace falta intimidar a un niño para que acepte que el chocolate tiene buen sabor diciéndole que, si no lo cree, sus papilas gustativas serán eternamente castigadas a causa del pecado original.
Sostener que la moral existe porque Dios lo dice es exactamente igual a sostener que la moral no existe.
(…)
Si la moral se justifica invocando la autoridad de un ser que no existe, entonces la moral, por definición, no está justificada. Si extiendo un cheque “certificado” por un banco que no existe, ese cheque es, por definición, inválido.
Lo mismo se aplica a la imposición de la moral por medio de un monopolio irracional. Si admitimos la existencia de un gobierno — un grupo minoritario de personas que reivindican el derecho a iniciar el uso de la fuerza, un derecho que es expresamente negado a todos los demás — entonces todas y cada una de las “reglas” morales impuestas por el gobierno son puramente subjetivas, ya que el gobierno se basa, por definición, en la violación de las reglas morales.
Si yo digo que necesito al gobierno para que proteja mi propiedad, pero el gobierno es, por definición, un grupo de personas que pueden violar discrecionalmente mis derechos de propiedad, quedo atrapado en una contradicción ineludible. Estoy diciendo que mis derechos de propiedad tienen que ser defendidos — y luego, para defenderlos, acudo a una entidad que puede violarlos en cualquier momento. Un caso equivalente sería el de una persona con tanto a miedo a ser violada que, para protegerse, ha decidido contratar a un guardaespaldas — y según el contrato que los vincula, el guardaespaldas tiene permitido violar a su cliente cuantas veces quiera.
Debido a que la “moral” basada en el Estado y la religión es tan irracional y auto-contradictoria, ésta necesita, para funcionar, de un organismo social con el monopolio del inicio de la fuerza. En un entorno en el que todo el mundo se siente libre de fabricar “sistemas morales” a medida, y de alegar justificaciones absolutas en base a entidades imaginarias, no es posible el entendimiento y la negociación racional. No es que necesitamos un gobierno porque la gente es mala; en realidad, acabamos teniendo un gobierno porque la gente es irracional. Las falsas teorías morales terminan siempre requiriendo de la violencia para imponerse. Las falsas teorías morales no se han desarrollado en respuesta a la violencia — en realidad, las falsas teorías morales engendran violencia — de hecho, exigen violencia.
La irracionalidad y el subjetivismo moral que esconden “Dios” — como respuesta a “¿qué es la verdad?” — y “el gobierno” — como respuesta a “¿qué es la moral?” — son tan fácilmente descubiertos por el marco de CUP que es difícil entender por qué el empleo de este concepto no se ha generalizado.
Una razón fundamental es que la comprensión efectiva de CUP involucra a las funciones mentales más elevadas. Ser racional es algo relativamente fácil; pensar en las premisas que se hallan implícitas en la racionalidad, y en todo lo que entrañan, es algo muy difícil. Debatir es algo relativamente fácil; dilucidar todos los presupuestos que implica el acto mismo de debatir es algo muy difícil.
Es fácil atrapar una pelota — es difícil crear la física que explica el movimiento universalmente.
Pensar acerca del pensamiento es la disciplina mental más difícil de todas.
En los cuentos de hadas, aquella “bestia” que aterroriza y esclaviza a la humanidad siempre se sitúa en la cima de una montaña, o en una cueva profunda. La gente le teme a una bestia que se esconde allí afuera en algún lugar, y es por eso que la bestia nunca ha sido derrotada.
La bestia nunca ha sido derrotada porque la bestia es una ilusión.
La bestia no puede ser derrotada en el mundo porque la bestia se halla en nuestro interior.
La fantasía colectiva de que existe un “reino del revés” llamado “el gobierno”, en donde la moral se invierte como por arte de magia, es igual a la fantasía colectiva de que existe un “reino del revés” llamado “Dios”, en donde la realidad se invierte.
Si definimos a la “moral” según las peculiares fantasías de simples mortales, esta quedará por siempre bajo el control de tiranos manipuladores y sedientos de poder. Puesto que Dios no existe, quienes basan en Dios su discurso moral no hacen más que inventar definiciones para servir a sus propios fines.
Puesto que “el Estado” no existe, quienes basan en el gobierno su discurso moral no hacen más que inventar definiciones para servir a sus propios fines.
Si no logramos definir una moral racional y objetiva, libre de las veleidades subjetivas de cada individuo, nunca desplegaremos el tipo de progreso que tanto necesitamos como especie.
La moral debe unirse a la esfera de las ciencias, con la física, la biología, la geología y la química, si hemos de prosperar — y, acaso, si hemos de sobrevivir.
De hecho, si el coraje nos acompaña, esta es la única disciplina que puede liberarnos — a nosotros, a nuestros hijos y, en el futuro, a toda la humanidad — de la tiranía de la bestia más feroz: nuestras propias ilusiones morales.
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